El espolique de Antonio Melero en la tribuna de CuencaEl trabajo fino lo ha hecho el virus H1N1, un parásito de menos de una mil millonésima de milímetro que se introduce en las células para replicar su genoma.
El virus porcino se ha coaligado con el del pollo y luego ambos han hecho un tripartito con su versión humana para confundir a nuestras defensas y matar al incauto huésped. Cuando te quieres dar cuenta ha registrado su información genética en el núcleo celular. Se camuflan tan bien que pasan inadvertidos y ya es demasiado tarde para reaccionar. Usan la maquinaria celular para hacer copias de si mismos hasta que ésta no aguanta más, muere y los pequeños monstruos salen ufanos al torrente sanguíneo para colonizar nuevos territorios.
¿Cómo un sistema defensivo tan complejo como el humano no es capaz de tomar medidas para acabar con esta plaga? Muy sencillo: los glóbulos blancos no detectan la pequeña secuencia de órdenes que el virus ha introducido en lo más profundo de nuestros cromosomas y piensan que la célula está sana y por eso no la destruyen. Además de gorrón el H1N1 es oportunista.
Nuestro sistema inmune está formado por diferentes tipos de células. Unas descubren la invasión, pero son las más necias en estos casos porque, a pesar de que han hecho oposiciones para descubrir la farsa, sólo emiten una señal de alerta en caso de que el mensaje transgreda su registro de intrusiones. Cuando son capaces de hacerlo, deben dar órdenes coherentes, porque la segunda línea defensiva, los linfocitos, tienen que formar anticuerpos. Si falla este escalón los linfocitos deben interpretar las leyes de la inmunología y tomar las decisiones correctas para acabar con el agresor.
Cuando todo fracasa se ponen en marcha los macrófagos, una especie de máquina de matar que arrasa con todo lo que se encuentra, pero desafortunadamente pagan justos por pecadores. Se producen entonces las enfermedades autoinmunes.
Resumiendo: 1. Se forma un tripartito viral por combinación de sus genes malignos. 2. Parasitan las células sanas. 3. La primera línea de defensa no se entera. 4. El virus se multiplica y hace estallar la célula. 5. El virus coloniza más células.
El sistema inmune fracasa y archiva la información corrupta que el virus H1N1 ha camuflado entre millones de genes correctos. Ni han funcionado los mecanismos de detección del mal ni los que debieran haberlo cortado de raíz. Y aquí no vale la penicilina.
¿O sí, señor juez?
















