En la barbacana. Jesús Neira Guzmán.Somos en Cuenca proclives a demorarnos en la identificación de los objetivos comunes, remisos al acuerdo y la colaboración a la hora de intentar su consecución, y morbosos al regodearnos en la explicación del fracaso colectivo una vez que, por los anteriores motivos, los años pasan y los objetivos, ni se definen, ni se consiguen.
En una imaginaria carrera entre territorios, al igual que los atletas que inician la competición sin la preparación adecuada, nos conformamos con mirar hacia atrás y comprobar que no somos los más rezagados. Teruel ha cumplido hasta ahora esta función de “excusa de mal pagador” para la frustración colectiva que anida en el imaginario conquense. Pero, como con las carreras, de tanto mirar hacia atrás, en lugar de hacerlo hacia adelante, hemos terminado por quedarnos los últimos.
Los gobiernos autonómicos de Aragón y Valencia estudian crear conjuntamente una empresa pública que gestione el tráfico de mercancías por la línea ferroviaria Valencia-Teruel-Zaragoza-Huesca. Teruel cuenta con un ambicioso proyecto de área logística y aeropuerto, que unido a la comunicación por autovía y al ferrocarril convencional, garantizan un prometedor futuro para el sector logístico.
Se trata de conectar las áreas logísticas Plaza, en Zaragoza, y Platea, en Teruel, con los puertos de Sagunto y Valencia, este último con un tráfico anual de 3 millones de contenedores. El corredor abriría el camino de las mercancías del puerto de Valencia hacia Europa por el Pirineo central.
El tendido ferroviario entre Teruel y Zaragoza está siendo modernizado, y se va a solicitar lo mismo para el tramo entre Teruel y Valencia, de forma que se permita la circulación de convoyes de viajeros entre Madrid y Zaragoza, con velocidad punta de 200 Km. por hora y una única parada en la capital turolense.
En los últimos quince años hemos discutido mucho en Cuenca sobre el ferrocarril convencional y la estación, ha habido dos cambios de gobierno y seguimos donde estábamos, con la servidumbre de una línea en precarias condiciones de conservación que parte la ciudad en dos. Lo único que tenemos garantizado los conquenses es que, en el futuro, no tendremos tortícolis por girar la cabeza para comprobar si Teruel nos da alcance.








